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Henry Kissinger, ícono de la Realpolitik que marcó la diplomacia del siglo 20

El exsecretario de Estado norteamericano Henry Kissinger murió el miércoles a los 100 años, en su casa en Kent, localidad de Connecticut, ubicada en el condado de Litchfield, fronterizo de Nueva York.

Había nacido el 27 de mayo de 1923 en la ciudad bávara de Fürth, situada a unos 10 kilómetros de Núremberg, Alemania.

Su padre era un maestro de escuela que en 1938, con su familia a cuesta, decidió abandonar el territorio alemán dominado por el nazismo para instalarse en Manhattan.

Anotado al nacer como Heinz Alfred, el político estadounidense de origen judeo-alemán ejerció una gran influencia en asuntos internacionales de incidencia global cumpliendo funciones durante los inquilinatos en la Casa Blanca de Richard Nixon y de Gerald Ford, entre 1969 y 1977.

Escalada de poder

Sus labores como burócrata al servicio de su país de adopción fueron reconocidas con el premio Nobel de la Paz, pero también merecedoras de imputaciones severas por parte de sus detractores.

No obstante, casi nadie duda de que este diplomático de voz enronquecida y anteojos de vidrios gruesos dominó la política exterior mientras Estados Unidos no escatimaba esfuerzos para dar vuelta la página de la historia relacionada con su fracaso en la Guerra de Vietnam y mientras derribaba con pulso firme y preciso las barreras con China.

La preponderancia de quien consideraba el poder como “el afrodisíaco por excelencia” creció con ímpetu durante el escándalo Watergate, provocado por el robo de documentos en la sede en Washington del Comité Nacional del Partido Demócrata y el posterior intento de la administración Nixon de encubrir a los responsables; el hecho de corrupción sucedió a principios de la década de 1970.

El despertar de la vanidad

En ese contexto, asumió un rol equivalente al de copresidente del debilitado mandatario de origen californiano que terminaría dimitiendo a causa del bochorno colosal.

“Sin duda ahí se despertó mi vanidad”, confesó más tarde sobre su creciente influencia en el mundo de la política. “Pero la sensación dominante entonces fue de una premonición de catástrofe”, recordó el registro emocional del trance.

Kissinger cultivó en el letargo de su vida la reputación de un estadista respetado, pronunciando discursos, haciendo sugerencias tanto a republicanos como a demócratas y gestionando una consultoría global. Por caso, durante la presidencia de Donald Trump, se lo vio en numerosas ocasiones visitando la Casa Blanca por iniciativa del magnate.

Pero la publicación de documentos y la difusión de audios de la era Nixon, a medida que fueron apareciendo y movilizándose a través de las redes sociales, sacaron a la luz revelaciones exasperantes que opacaron su pátina de celebridad.

Con sello propio

Durante su estancia en el despacho mayor del Departamento de Estado, en Washington DC, Kissinger desplegó un bagaje amplio de cuestiones de política exterior. Por caso, dirigió la primera “diplomacia lanzadera” en la búsqueda de la paz en Medio Oriente. También utilizó canales secretos para establecer vínculos entre Estados Unidos y China, poniendo fin a décadas de aislamiento y de hostilidad mutua.

Además, inició las negociaciones de París que, en última instancia, proporcionaron un medio para salvar las apariencias y permitir sacar a su país de la gravosa guerra de Vietnam. “Un intervalo decente”, llamó a la táctica diplomática para mitigar el fracaso. Dos años más tarde, Saigón cayó en manos de los comunistas.

Asimismo, trazó una línea política de distensión con la Unión Soviética que condujo a acuerdos de control de armas y planteó la posibilidad de que las tensiones propias de la Guerra Fría y su amenaza nuclear no tuvieran que durar para siempre.

De espaldas a Latinoamérica

Después de alejarse de las funciones de gobierno, Kissinger fue perseguido por críticos y detractores que reclamaban una rendición de cuentas ante la Justicia internacional por sus políticas en el sudeste asiático y su apoyo a regímenes represivos en Latinoamérica.

Por caso, documentación oficial desclasificada certifica el conocimiento y la permisividad del exsecretario de Estado norteamericano sobre la Operación Cóndor, la campaña de represión política y de terrorismo de Estado comandada por dictadores latinoamericanos a mediados de la década de los ′70. Kissinger fue informado de esta operación en agosto de 1976 por el subsecretario adjunto para Asuntos Interamericanos, Harry Shlaudeman. El 16 de septiembre, dio orden de no tomar ninguna medida al respecto. Cinco días después, agentes del dictador chileno Augusto Pinochet mataron en Washington D.C., con un coche bomba, al exembajador chileno y destacado opositor Orlando Letelier.

Este silencio cómplice se extendió al sur de Asia y, en particular, a uno de los episodios más sangrientos de la segunda mitad del siglo 20: la campaña de exterminio liderada por el dictador militar paquistaní Yayha Jan contra la población bengalí del este del país. El Gobierno de Bangladesh cifra en tres millones el número de muertos y denuncia una campaña de violación sistemática de entre 200 mil y 400 mil mujeres bengalíes desde marzo hasta diciembre de 1971.

Kissinger era un practicante de la Realpolitik. Esto es, utilizar la diplomacia para lograr objetivos prácticos en lugar de promover ideales elevados. Sus partidarios valoran que su inclinación pragmática servía a los intereses estadounidenses. Sus críticos, en tanto, vieron en su estilo un enfoque maquiavélico que iba en contra de los ideales democráticos.



Fuente: https://www.lavoz.com.ar/mundo/henry-kissinger-icono-de-la-realpolitik-que-marco-la-diplomacia-del-siglo-20/

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